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Medicación y autismo, la gran decisión.

8 Enero 2010 403 lecturas One Comment

Hoy os traigo un nuevo estudio sobre un medicamento que está empezando a adquirir cierta notoriedad en las consultas de psiquiatría infantil, el Abilify. Un reciente estudio publicado en la revista Pediatrics nos habla al respecto de sus “bondades”, pero daremos una vuelta más a la tuerca en este delicado asunto.

El aripiprazol alivia la irritabilidad en niños con autismo, pero provoca aumento de peso

El agente antipsicótico atípico aripiprazol (producido por Otsuka Pharmaceutical Co. y comercializado como Abilify por Bristol Myers Squibb) reduce los síntomas de irritabilidad en los niños y adolescentes con autismo, pero, aunque generalmente es bien tolerado, su uso se asocia con una mayor tasa de abandono debido a efectos adversos y con un aumento de peso.

El ensayo que así lo indica incluyó a 98 sujetos (de 6 a 17 años de edad) sometidos a una fase de lavado de una duración de hasta 6 semanas, durante la cual se prohibieron todos los medicamentos psicotrópicos. Luego fueron asignados al azar a placebo o a una dosis de aripiprazol de una dosis inicial de 2 mg/día hasta un máximo de 15 mg/día.

A las 8 semanas de tratamiento, la disminución de la puntuación de la subescala ABC, que clasifica la irritabilidad, fue significativamente mayor para los pacientes que recibieron aripiprazol. También se obtuvieron resultados positivos en el grupo de tratamiento activo en las medidas de hiperactividad, estereotipias, lenguaje inapropiado y calidad de vida. Sin embargo, la ganancia de peso fue significativamente mayor con aripiprazol.

Artículo publicado en Revista de Neurología

Traducción del resumen publicado en la revista Pediatrics.

OBJETIVO: El objetivo de este estudio fue evaluar la eficacia a corto plazo y la seguridad de aripiprazol en el tratamiento de la irritabilidad en niños y adolescentes con trastorno autista que se manifestaban conductas como las rabietas, la agresión, comportamiento autodestructivo, o una combinación de estos .

MÉTODOS: Se trata de 8 semanas, doble ciego, aleatorio, controlado con placebo, de grupos paralelos se llevó a cabo de los niños y adolescentes (6-17 años) con trastorno autista. Los pacientes fueron asignados aleatoriamente (1:1) a la dosis de aripiprazol de forma flexible (la dosis objetivo: 5, 10, o 15 mg / día) o placebo. Las medidas de resultado se valoran bajo “Aberrant Behavior Checklist irritability subscale and the Clinical Global Impression–Improvement score” (CGI-I). La seguridad y tolerabilidad también fueron evaluadas.

RESULTADOS: Noventa y ocho pacientes fueron asignados aleatoriamente para recibir placebo (n = 51) o aripiprazol (n = 47). El promedio de mejoría en la puntuación de “AAberrant Behavior Checklist irritability subscale and the Clinical Global Impression–Improvement” fue significativamente mayor con aripiprazol que con placebo en la semana 1 a la semana 8. Aripiprazol demostró una mejoría global significativamente mayor que el placebo, según la evaluación de la CGI-I puntuación media de la semana 1 a la semana 8, sin embargo, síntomas clínicamente significativos residual que todavía pueden persistir en algunos pacientes. Las tasas de interrupción como consecuencia de los acontecimientos adversos (AA) fueron 10,6% para aripiprazol y de 5,9% para placebo. De los síntomas extrapiramidales relacionados con las tasas de AE fueron del 14,9% para aripiprazol y de 8,0% para placebo. No se reportaron reacciones adversas graves. La ganancia de peso fue de 2,0 kg de aripiprazol y de 0,8 kg con placebo en la semana 8.

CONCLUSIONES: El aripiprazol fue eficaz en niños y adolescentes con irritabilidad asociada con el trastorno autista y en general seguro y bien tolerado.

El original en inglés está disponible aquí

Más datos sobre este medicamento, información en los siguientes enlaces:

http://es.wikipedia.org/wiki/Aripiprazol

http://www.druglib.com/druginfo/abilify/

http://www.druglib.com/druginfo/abilify/indications_dosage/

http://www.medicalnewstoday.com/articles/172339.php

Nos hallamos ante otro antipsicótico atípico (otros psicotrópicos similares serían la risperidona, la quetiapina, clozapina, etc). Esta familia de medicamentos es utilizada como tratamiento para la esquizofrenia, agitación psicótica, trastorno bipolar y otros trastornos psiquiatricos relacionados.

Este tipo de fármacos se suelen recetar de forma habitual en el tratamiento de niños con autismo, usando este tipo de fármacos como inhibidores de conductas relacionadas con la hiperactividad, irritabilidad o déficit de atención. Según la bibliografía estudiada, el aripiprazol resulta menos problemático que el metilfenidato al no tener un efecto agravante de los tics.

Sin embargo no queda claro que este tipo de medicamentos puedan producir otro tipo de efectos adversos en su administración en niños a largo plazo. En el caso de adultos demuestra ser bien tolerado ( http://www.psiquiatria.com/noticias/laboratorios/bristol-myers_squibb/41368/ ) pero la información sobre el uso continuado en niños -que es muy escasa- apunta justo a lo contrario, es decir, que el uso continuado de este tipo de medicación genera efectos adversos en los niños que han tomado este tipo de medicación durante largos períodos de tiempo.

El estudio arriba mencionado habla de un período de tiempo de 8 semanas de administración del fármaco, y que a pesar de la reducción de la irritabilidad los niños del estudio presentan un aumento de peso, algo común en casi toda esta familia de fármacos administrada en niños. Pero hay algo que no se comenta en ese estudio y que considero de gran importancia; “el uso de este tipo de medicamentos se asocia a un aumento del nivel de grasa en sangre en los niños” tal y como comenta el Dr. Christoph Correll, director médico del Programa de Prevención y Reconocimiento del Hospital Zucker Hillside en Glen Oaks, Nueva York, en el estudio que a tal efecto llevó a cabo, “Tememos que esto conduzca a la diabetes y al síndrome metabólico” dijo el Dr. Correll.

El citado estudio aparece en la edición del 28 de octubre de la revista Journal of the American Medical Association, es el análisis más grande de su tipo.

Jeanette M. Jerrell, profesora de neuropsiquiatría de la Facultad de Medicina de la Universidad de Carolina del Sur, y coautora de un estudio similar publicado en el 2008 en Archives of Pediatrics and Adolescent Medicine comenta a este respecto “Encontramos que la obesidad y el aumento de peso, la diabetes mellitus tipo 2 y las afecciones cardiovasculares eran más prevalentes en el cohorte tratado” Su estudio también encontró que los niños que tomaban múltiples antipsicóticos tenían un riesgo significativamente más alto de obesidad y aumento de peso, diabetes tipo 2, niveles anormales de grasa en sangre y problemas cardiovasculares. “Este nuevo estudio es importante porque hace hincapié en el perfil de seguridad de los antipsicóticos en poblaciones jóvenes, y en la necesidad crítica de ampliar la base de pruebas para guiar las decisiones clínicas”.

Pero esto no es todo, un informe de 2008 en The Lancet sugirió que algunos de estos medicamentos, a veces conocidos como antipsicóticos de “segunda de generación”, podrían no ser mejores que los antiguos, es decir los medicamentos de “primera generación”. Los autores concluyeron que cada medicamento se debe sopesar de manera individual en función de su eficacia y efectos secundarios.

El estudio de Correll se diseñó para evaluar la seguridad y eficacia de la clase más reciente de medicamentos en niños y jovenes. Su equipo dio seguimiento a 272 pacientes de 4 a 19 años que tomaban un antipsicótico por primera vez. Los pacientes fueron tratados por trastornos del espectro del estado de ánimo, espectro de la esquizofrenia o espectro de conducta agresiva.

Quince pacientes pediátricos que rechazaron participar o descontinuar su medicamento antipsicótico en un plazo de cuatro semanas desde el inicio del estudio actuaron como grupo de control.

El estudio se centró en cuatro antipsicóticos que se recetan con mucha frecuencia en los niños: aripiprazola (Abilify), olanzapina (Zyprexa), quetiapina (Seroquel) y risperidona (Risperdal).

Luego de casi once semanas, los niños tratados con Zyprexa aumentaron en promedio 8.5 kilos, los tratados con Seroquel 6.1 kilos, los tratados con Risperdal 5.3 kilos y los tratados con Abilify 4.4 kilos, mientras que el grupo de control aumentó menos de 0.23 kilos. Entre el 10 y el 36 por ciento se volvieron obesos o adquirieron sobrepeso durante el periodo de tratamiento, de acuerdo con el estudio.

En estos niños estudiados, hubo un aumento de peso rápido y drástico, más de lo que se había descrito antes“, advirtió Correll, que también es científico del Centro de Neurociencia Psiquiátrica del Instituto Feinstein para la Investigación Médica en Manhasset, Nueva York.

El uso de cada medicamento se asoció a vientres más grandes y a mayor “masa adiposa”, la proporción del cuerpo compuesta de grasa.

Los medicamentos tuvieron efectos variados sobre los niveles metabólicos. Los usuarios de Zyprexa y Seroquel experimentaron cambios adversos significativos en el colesterol total y los triglicéridos. El uso de Risperdal resultó en un aumento significativo de los triglicéridos. Sin embargo, Abilify pareció ser “neutral metabólicamente”, apuntó Correll.

Algunos de estos niños toman estos medicamentos durante muchos años si no de forma indefinida, así que sin duda alguna es una preocupación“, advirtió Ronald T. Brown, decano y profesor de salud pública del Centro de Ciencias de la Salud de la Universidad de Temple en Filadelfia. “En los niños que no necesitan realmente estos medicamentos, se deben emplear más técnicas conductuales en psicoterapia“.

En un editorial acompañante, los Drs. Christopher K. Varley y Jon McClellan del Hospital Universitario de Seattle, concluyeron que se necesitan estudios más grandes e independientes para determinar la seguridad y beneficios a largo plazo de estos medicamentos en los niños.

“Hasta que esos datos estén disponibles, la consideración de intervenciones de tratamiento menos peligrosas y de la atención escrupulosa de parámetros metabólicos en los niños y adolescentes que reciben medicamentos antipsicóticos atípicos son esenciales”, escribieron.

De hecho, Correll está trabajando actualmente en un estudio de seguimiento a largo plazo para evaluar los efectos de salud de estos medicamentos en niños durante un periodo de tiempo prolongado.

Por ahora, aconseja a los médicos y familias a sopesar cuidadosamente los riesgos y beneficios de los medicamentos contra el riesgo de la enfermedad, y a considerar otras opciones farmacéuticas y no farmacéuticas. También es importante enseñar a los niños estilos de vida saludables y a monitorizar de cerca el peso, los niveles de lípido y la glucosa en sangre de los niños, apuntó.

Fuentes:

http://www.nlm.nih.gov/medlineplus/spanish/news/fullstory_91183.html

http://jama.ama-assn.org/cgi/content/abstract/302/16/1765?maxtoshow=&HITS=10&hits=10&RESULTFORMAT=1&author1=Christoph+Correll&andorexacttitle=and&andorexacttitleabs=and&andorexactfulltext=and&searchid=1&FIRSTINDEX=0&sortspec=relevance&fdate=9/1/2009&tdate=10/31/2009&resourcetype=HWCIT

En resumen y tras el análisis de esta información, creo que los profesionales que recetan este tipo de drogas a niños (Algunos de ellos de 3 años, algo que personalmente me parece una barbaridad) deberían por una parte, ser mucho más cautos a la hora de tomar la decisión de administrar este tipo de fármacos a sus jovencísimos pacientes, y a su vez, informar adecuadamente a los padres, para que a la vista de datos objetivos, puedan tomar la decisión de arriesgarse a causar posibles daños a medio y largo plazo a su hijo a causa de la administración de este tipo de drogas.

En una conferencia, uno de los ponentes hablaba sobre la corresponsabilidad entre los profesionales y los padres a la hora de tomar decisiones sobre el uso de este tipo de fármacos. Pero no podemos exigir responsabilidad a los padres cuando estos no disponen de la información adecuada. Muchos padres creerán ciegamente en las palabras del sabio doctor, lo malo es que en muchos casos ni es tan sabio ni es doctor.

Si su hijo toma un medicamento de los aquí citados, quizás debiera volver a la consulta de quien le receto los fármacos y tener una charla sosegada y reflexiva al respecto de los pros y los contras de este tipo de fármacos, y en base a eso, poder tomar una decisión, con la adecuada corresponsabilidad.

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